Rule Britannia: Wimbledon, Pentagram y la lista de Alan

Noviembre 20, 2017

Por Lorenzo Shakespear:

Llegué a Londres por segunda vez a fines de 1989, decidido a trabajar en Pentagram, la empresa de diseño de mis sueños cuyo culto a las grandes ideas y metodología configura un paradigma de independencia en la era de los grandes conglomerados. La entrevista soñada, aún con el sabor de la comida de avión, fue por supuesto con Alan Fletcher. Para ubicarnos en la estatura de mi ilusión heroica, si hubiese sido músico, habría estado sentado con John Lennon, tratando de tocar con los Beatles. Miró mi trabajo con paciencia pero no con cariño, preguntó poco, y se mostró proclive a indicarme por dónde seguir. Fue la primera señal de que no me estaba dando el trabajo. Me hizo, mientras hablaba, una lista generosa de empresas y de las personas con quienes debía encontrarme. Era el who’s who del diseño londinense de 1989. Supongo que debería haber estado fascinado por su generosidad, pero en el fondo, en el medio y en la superficie, estaba devastado. Ya me quería volver a casita. El primer rechazo. Y en otro idioma. Cuánta soledad.

Mientras ejecutaba la lista de Alan, pasé dos meses deliciosos en Klactoveesedstene Animations, el Estudio de Oscar Grillo y Ted Rockley, aprendiendo a hacer dibujos animados (desde entonces pienso muy seguido que debería haberme quedado ahí). Ya volveré a Oscar en otro momento. Mientras trabajaba en Klacto, seguía haciendo entrevistas. Era parte del arreglo generoso con Oscar. A veces tengo mucha suerte.

Un día recibí un llamado corto y parco de Alan diciéndome que llamara a Mervyn Kurlansky (uno de los socios fundadores de Pentagram), que estaba buscando un diseñador. Lo llamé y fui a verlo. Un tipo encantador y muy distinto a Alan. Pero, what the fuck. Mi sueño ¿no? Me dio el trabajo. -Empezás en 3 semanas, me dijo. Renuncié a los dibujos animados y empecé el viaje de nuevo. Welcome to London.

Necesitaba encontrar un lugar para vivir. Conseguí entonces un ático a metros de la catedral del tenis mundial y a 45 minutos de 11 Needham Road, W11, la catedral del diseño en Notting Hill, en donde empezaría a trabajar enseguida. La propietaria tenía dos hijas, como de 5 y 7 años. La tarde en que me mudé, la más chiquita se me acercó y me preguntó: ¿vas a ser nuestro nuevo papá? Supe inmediatamente que debía huir. Pero Londres ya me tenía alucinado. Me paseaba con aire orgulloso de ciudadano permanente, conocí 70 Estudios de diseño y a sus artífices, a muchos de mis héroes, estaba rodeado de música, cine, museos, nuevos amigos, vivía solo por primera vez, no bebía alcohol y tenía 21 años. Era indestructible. La amenaza de las niñas pareció rápidamente menor.

El día acordado aparecí en Pentagram a la hora acordada. Kurlansky no estaba. Me senté a esperarlo en la recepción mientras el staff completo desfilaba camino a sus trincheras. Apareció una hora tarde. Me pasó por delante y a mitad del camino se detuvo, me miró, como escaneando la memoria, cambió de expresión y de color en una fracción de segundo, se puso la mano en la boca como cubriendo la expresión de horror, y volvió sobre sus pasos. Se sentó a mi lado y me dijo:

-Lorenzo, I’m so sorry. Me olvidé.

-Uhh, repliqué. No te preocupes. Una hora no es nada.

-No, no, replicó él. Me olvidé de que te había ofrecido el trabajo y se lo dí a otro.

Londres dos, Lorenzo cero.

Nadie te prepara para esas cosas. A los 21 no sabés qué hacer con ese momento ni con esas cosas, con tanta frustración, enojo, impotencia. ¿Cómo deshacer tanta ilusión? ¿Cómo empezar a buscar trabajo de nuevo? ¿Cómo explicarles a todos que no pudo ser?

Esa noche me llamó John Rushworth, el socio más joven de Pentagram. Me dijo que había estado con Mervyn y que le había hablado muy bien de mí y de mi trabajo y que si quería trabajar en su grupo, tenía una vacante.

Conseguir el trabajo en Pentagram fue realmente tocar con los Beatles. Alan Fletcher, Mervyn Kurlansky, John Rushworth, John McConnell, David Hillman, Theo Crosby, Kenneth Grange. Nuevos amigos como Vince Frost, Quentin Newark y Thomas Manss. El sonoro Peter Saville se paseaba exultante en su efímero paso por la catedral. Pero era el tipo de las tapas de Joy Division y New Order! Hillman se reunía con los Pet Shop Boys, Alan diseñaba las señales de Stansted. Las tapas de Faber & Faber de McConnell estaban regadas por todos lados. Un océano de diseño. La experiencia de trabajo, el Estudio, el barrio, fueron todo lo que esperaba. Llegar cada mañana fue glorioso, pasara lo que pasara. Vivir en esa ciudad fue un doctorado en el diseño de uno mismo.

 

Texto escrito originalmente en marzo de 2011.